¿Por qué es tan importante tener un plan B?

Tener un plan B

Hay quien dice que tener un plan B es de fracasados. Pero son precisamente esas personas las que nunca llegan muy lejos en la vida.

¿Casualidad? No lo creo…

En este artículo invitado de Luis Álvarez vas a ver por qué es tan importante tener una alternativa a la hora de generar ingresos, y cómo tú también puedes empezar a poner en marcha tu plan B desde hoy mismo.

 

Mi padre trabajó prácticamente toda la vida en la misma empresa. Tenía un buen sueldo, la empresa valoraba mucho su conocimiento y experiencia y sabía que al jubilarse iba a tener una buena pensión.

Pero los tiempos cambian. Y cambian tan deprisa que es posible quedarse desfasado pensando que esa realidad sigue vigente, cuando lo cierto es que el escenario actual es completamente diferente.

Hay dos fenómenos de los que se habla constantemente en los medios de comunicación. Todo el mundo cree entender qué significan, pero lo cierto es que la mayoría de gente se niega a aceptar sus consecuencias.

O, si las acepta, no hace nada para prepararse para cuando lleguen.

El primero es la globalización. En un mundo global es muy fácil encontrar gente que haga el mismo trabajo por menos dinero. Y el resultado inmediato es que el trabajo y las personas que lo hacen valen menos.

O lo que es lo mismo, aspectos como la experiencia o el conocimiento de las personas pierden importancia frente al precio, con lo cual los sueldos serán más bajos y las personas más intercambiables.

El segundo es la automatización. Los procesos productivos cada vez son más eficientes gracias a los avances tecnológicos.

Internet, la robotización, la inteligencia artificial, el big data, los superordenadores en la nube, etc… Esto, que sin lugar a dudas es muy bueno, también tiene una parte negativa muy evidente: muchos trabajos dejarán de ser necesarios.

 

Tener un plan B

 

Consecuencias en el mundo laboral

Es posible que el escenario que estoy describiendo te parezca una exageración y que no es tan grave. No sé dónde vives, pero en España tenemos un serio problema con la precarización del empleo.

Por un lado, por los bajos sueldos. Y por el otro, porque a partir de los 45-50 años empiezas a ser incómodo y la empresa piensa en cambiarte por una persona más joven, posiblemente más preparada con las últimas tecnologías y, sobretodo, más barata.

El problema empeora si incluimos las pensiones en la ecuación. En España tenemos un sistema de distribución, que significa que la gente que trabaja paga las pensiones de los que están jubilados.

La consecuencia inmediata de la reducción de los sueldos es que las cotizaciones al sistema de previsión, que se descuentan del sueldo y son las que pagan las pensiones, también se reducen.

Y eso hace que las pensiones no se puedan mantener al nivel de hoy en día.

Mal asunto. Nos pagan poco ahora y cuando nos jubilemos nos pagarán menos.

 

Tener un plan B

 

Es posible que esté equivocado y la realidad no sea tan negra como pinta. Seguro que no serás una de esas personas que se quedará sin trabajo con 50 años y tenga que aceptar un salario mucho menor.

Y seguro que lo de las pensiones lo acaban arreglando de alguna manera. Los políticos están para eso: para arreglar los problemas de la gente. Seguro que encuentran alguna solución.

Ésta, dejando de lado el tono irónico, es la postura que adopta la mayoría de gente: no hacer nada y esperar tener suerte. Negar la realidad y pensar que esas cosas sólo le pasan al resto del mundo pero no a uno mismo.

 

Los planes B

Pero igual prefieres coger la sartén por el mango y ser tú el que controle la situación. En mi opinión, saber que tu bienestar futuro está en peligro y no hacer nada es muy irresponsable. Y por eso, hay que empezar a pensar en planes B.

¿Qué es un plan B? Pues cualquier alternativa a tu modelo de vida principal por si esta deja de ser viable. Tienes un trabajo, esperas mantenerlo toda la vida, incluso progresar y acabar llegando a la edad de jubilación con una buena pensión.

Perfecto. Ese es el plan A. Si todo funciona bien, lo llevarás a cabo hasta el final y no tendrás problemas.

Pero… ¿qué harás si ese plan no se puede llevar a la práctica? ¿Qué harás, por ejemplo, si tu trabajo se queda obsoleto y la empresa te despide?

¿O si cuando llegues a la edad de jubilación la pensión es mucho menor de lo que esperabas?

Para cubrir todas estas contingencias lo más inteligente es construir planes B.

 

Tener un plan B

 

3 ejemplos de planes B

Hay muchas cosas que puedes hacer para prepararte para los contratiempos de la vida. Aquí te dejo unos cuantos ejemplos, pero cada uno tiene que encontrar los suyos:

  • Formarse en alguna actividad alternativa a tu trabajo principal. Si te gusta la enseñanza, podrías prepararte para dar clases o, si vives en una zona turística, podrías aprender idiomas por si tienes que buscar algún empleo en la temporada alta. Eso te protegerá de que la automatización sustituya tu puesto de trabajo.
  • Invertir para tener ingresos pasivos mensuales. Las opciones más habituales son invertir en bolsa para obtener una renta basada en el cobro de dividendos o invertir en inmuebles para poderlos alquilar. Esto te protegerá de que las pensiones sean mucho más bajas que tu salario y pierdas poder adquisitivo al jubilarte.
  • Intentar obtener dinero de alguna afición. Por ejemplo, si te gusta el ajedrez puedes participar en campeonatos, escribir libros o dar clases. Si te apasiona algún tema, como el ciclismo, los cosméticos o la naturaleza, puedes crear un blog sobre él e intentar obtener dinero con publicidad o vendiendo productos relacionados. Esto te permitirá ganar dinero haciendo algo divertido y es ideal para compaginar con el trabajo.

 

Tener un plan B

 

¿Cuándo un plan B es efectivo?

Seguro que sabes la respuesta: cuando te gusta mucho o prepararlo te cuesta poco esfuerzo.

Muy poca gente tendrá la disciplina de formarse en algo que no le gusta si tiene un trabajo estable y está acomodado. Sin embargo, si te apasiona algo, formarte en ese área será casi una diversión, te lo pasarás muy bien aprendiendo y seguro que no lo dejarás.

Y si eso que te apasiona ya es un hobby al que dedicas tiempo, intentar monetizarlo es ideal. ¿Qué mejor que obtener dinero haciendo algo que te gusta?

¿Pero a quién le apasiona la inversión en bolsa? Pues no a mucha gente, la verdad. Puede parecer que ahorrar dinero para invertirlo en bolsa en vez de gastarlo en cosas con las que disfrutas requiere un esfuerzo.

Pero una vez analizas tus gastos y separas los que son realmente necesarios y los que te aportan felicidad, de los que haces por inercia, consumismo o dejadez, ahorrar una parte de tu sueldo para invertirlo es mucho más sencillo.

Yo por ejemplo disfruto con un buen restaurante pero no con un buen móvil. Me gusta hacer viajes a sitios exóticos pero no le doy nada de valor a tener un buen coche. La mayoría de gente no escoge.

Intenta hacerlo todo: porque les gusta, porque es signo de status social, porque su entorno lo hace, etc…

Si eliminas los gastos superfluos (ese gimnasio al que no vas, esa tarifa de móvil excesiva para el uso que le das, la televisión por cable cuando casi no la ves, etc…) y eres capaz de analizar qué te hace feliz y focalizarte en eso, ahorrarás más y podrás dedicar una parte a la inversión.

Eso se llama consumo responsable. Y si lo practicas, serás igual de feliz.

 

Tener un plan B

 

Una vez consigues ahorrar algo de dinero cada mes, invertir es mucho más sencillo de lo que parece.

Si lo haces de manera prudente, escogiendo buenas empresas y diversificando para evitar tener todo el dinero concentrado por si te equivocas al escoger a largo plazo seguro que tu patrimonio crece y obtienes una renta que será un seguro contra contratiempos.

 

Busca tu plan B

Ese es el objetivo de este artículo: animarte a buscar esa actividad o actividades que te permitirán asegurar tu bienestar futuro.

En Los Cazadividendos nos centramos en la inversión en bolsa para construir una renta basada en los dividendos de empresas, pero también hablamos de ahorro y planes alternativos.

Todo ello para conseguir la independencia financiera. Ese es el final del camino y sólo es posible si la relación ahorro / inversión / tiempo es suficiente para construir la renta que en algún momento llegue a cubrir tus gastos.

Pero, aunque no alcances la independencia financiera, quedarse en un punto anterior, con una renta complementaria, también será muy beneficioso para tu bienestar futuro.

¿O alguien no querría cobrar cada mes una cierta cantidad de dinero sin hacer nada?

 

Tener un plan B Luis Álvarez

Soy ingeniero de telecomunicación, pero mi verdadera pasión es la inversión en bolsa, los negocios online y la independencia financiera. Y a eso me quiero dedicar.

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Jenny del Castillo
Soy periodista especializada en negocios pero mi gran pasión es la motivación personal y ayudar a otros a lograr sus metas. Creo firmemente que las oportunidades en la vida no ocurren: las creas tú.

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